sábado, 22 de marzo de 2008

Mt 9, 35-38 La cosecha es abundante

(Mt 9, 35-38) La cosecha es abundante
[35] Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. [36] Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. [37] Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. [38] Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha».
(C.I.C 38) Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre "las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (cf. Dei Filius, c. 2: DS 3005; Dei Verbum, 6; Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1,1,1). (C.I.C 849) El mandato misionero. "La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser 'sacramento universal de salvación', por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres" (Ad gentes, 1): "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20). (C.I.C 1565 En virtud del sacramento del Orden, los presbíteros participan de la universalidad de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles. El don espiritual que recibieron en la ordenación los prepara, no para una misión limitada y restringida, "sino para una misión amplísima y universal de salvación “hasta los extremos del mundo” (Hch 1, 8: Presbyterorum ordinis, 10), "dispuestos a predicar el evangelio por todas partes" (Optatam totius, 20).