lunes, 13 de octubre de 2008

Lc 22, 43-46 Su sudor era como gotas de sangre

(Lc 22, 43-46) Su sudor era como gotas de sangre
[43] Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. [44] En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. [45] Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza. [46] Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».
(C.I.C 2606) Todas las angustias de la humanidad de todos los tiempos, esclava del pecado y de la muerte, todas las súplicas y las intercesiones de la historia de la salvación están recogidas en este grito del Verbo encarnado. He aquí que el Padre las acoge y, por encima de toda esperanza, las escucha al resucitar a su Hijo. Así se realiza y se consuma el drama de la oración en la Economía de la creación y de la salvación. El salterio nos da la clave para la comprensión de este drama por medio de Cristo. Es en el "hoy" de la Resurrección cuando dice el Padre: "Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra" (Sal 2, 7-8; cf. Hch 13, 33). La carta a los Hebreos expresa en términos dramáticos cómo actúa la plegaria de Jesús en la victoria de la salvación: "El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (Hb 5, 7-9).