domingo, 10 de marzo de 2013
Sal 115, 4-5. 8 Los ídolos tienen boca, pero no hablan
4 Los ídolos, en cambio, son plata y oro, obra de las
manos de los hombres. 5 Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; -
8 Como ellos serán los que los fabrican, los que ponen en ellos su confianza.
(C.I.C 2112) El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en
otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único
Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los ‘ídolos, oro y
plata, obra de las manos de los hombres’, que ‘tienen boca y no hablan, ojos y
no ven’. Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: ‘Como ellos serán
los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza’ (Sal 115, 4-5. 8; cf.
Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15. 19). Dios, por el
contrario, es el ‘Dios vivo’ (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e
interviene en la historia.
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