Mostrando entradas con la etiqueta sábado sinagoga enseñar asombrados autoridad poseído espíritu impuro gritar cállate sal salió fama extendió. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sábado sinagoga enseñar asombrados autoridad poseído espíritu impuro gritar cállate sal salió fama extendió. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de mayo de 2008

Mc 1, 21-28 “Cállate y sal de este hombre”

(Mc 1, 21-28) “Cállate y sal de este hombre”
[21] Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. [22] Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. [23] Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: [2]4 «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios». [25] Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». [26] El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. [27] Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!». [28] Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
(C.I.C 1673) Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1,25-26), de El tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3,15; 6,7. 13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado “el gran exorcismo” sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad (Cf. CIC canon 1172).