jueves, 18 de noviembre de 2010

2Tm 2, 1 Fortalécete con la gracia de Cristo Jesús

2Timoteo 2

(2Tm 2, 1) Fortalécete con la gracia de Cristo Jesús

[1] Tú, que eres mi hijo, fortalécete con la gracia de Cristo Jesús.

(C.I.C 2017) La gracia del Espíritu Santo nos confiere la justicia de Dios. El Espíritu, uniéndonos por medio de la fe y el Bautismo a la Pasión y a la Resurrección de Cristo, nos hace participar en su vida. (C.I.C 2027) Nadie puede merecer la gracia primera que constituye el inicio de la conversión. Bajo la moción del Espíritu Santo podemos merecer en favor nuestro y de los demás todas las gracias útiles para llegar a la vida eterna, como también los necesarios bienes temporales. (C.I.C 2001) La preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia. Esta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración a la justificación mediante la fe y a la santificación mediante la caridad. Dios completa en nosotros lo que Él mismo comenzó, ‘porque él, por su acción, comienza haciendo que nosotros queramos; y termina cooperando con nuestra voluntad ya convertida’ (San Agustín, De gratia et libero arbitrio, 17, 33: PL 44, 901): “Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada” (San Agustín, De natura et gratia, 31, 35: PL 44, 264).