domingo, 24 de marzo de 2013
Sal 134, 3 El Señor que hizo el cielo y la tierra los bendiga
3 El Señor que hizo el cielo y la tierra los bendiga
desde Sión.
(C.I.C 288) Así, la revelación de
la creación es inseparable de la revelación y de la realización de la Alianza
del Dios único, con su Pueblo. La creación es revelada como el primer paso
hacia esta Alianza, como el primero y universal testimonio del amor
todopoderoso de Dios (cf. Gn 15,5; Jr 33,19-26). Por eso, la verdad de la
creación se expresa con un vigor creciente en el mensaje de los profetas (cf.
Is 44,24), en la oración de los salmos (cf. Sal 104) y de la liturgia, en la
reflexión de la sabiduría (cf. Pr 8,22-31) del pueblo elegido.
sábado, 23 de marzo de 2013
Sal 130, 1-3 Desde lo más profundo te invoco, Señor
(Sal 130, 1-3) Desde lo más profundo te invoco, Señor
1 Desde lo más profundo te invoco, Señor, 2 ¡Señor, oye
mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria. 3 Si tienes en cuenta
las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?
(C.I.C 2559) "La oración es la elevación del alma
a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes"(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]: PG 94, 1089).
¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de
nuestra propia voluntad, o desde "lo más profundo" (Sal 130, 14) de
un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf. Lc 18,
9-14). La humildad es la base de la oración. "Nosotros no sabemos pedir
como conviene"(Rom 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para
recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios
(San Agustín, Sermo 56, 6, 9: PL 38,
381). (C.I.C 239) Al designar a Dios con el nombre de
"Padre", el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que
Dios es origen primero de todo y autoridad transcendente y que es al mismo
tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Esta ternura paternal
de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad (cf. Is
66,13; Sal 131,2) que indica más expresivamente la inmanencia de Dios, la
intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve así de la
experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros
representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que
los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la
paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios
transciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios.
Transciende también la paternidad y la maternidad humanas (cf. Sal 27,10),
aunque sea su origen y medida (cf. Ef 3,14; Is 49,15): Nadie es padre como lo
es Dios.
viernes, 22 de marzo de 2013
Sal 124, 8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor
(Sal 124, 8) Nuestra ayuda está en el nombre del Señor
8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el
cielo y la tierra.
(C.I.C 287) La verdad en la
creación es tan importante para toda la vida humana que Dios, en su ternura,
quiso revelar a su pueblo todo lo que es saludable conocer a este respecto. Más
allá del conocimiento natural que todo hombre puede tener del Creador (cf. Hch
17,24-29; Rom 1,19-20), Dios reveló progresivamente a Israel el misterio de la
creación. El que eligió a los patriarcas, el que hizo salir a Israel de Egipto
y que, al escoger a Israel, lo creó y formó (cf. Is 43,1), se revela como aquel
a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el
único Dios que "hizo el cielo y la tierra" (Sal 115,15; 124,8; 134,3).
jueves, 21 de marzo de 2013
Sal 121, 2 La ayuda me viene del Señor
(Sal 121, 2) La ayuda me viene del Señor
2 La ayuda me viene del Señor, que hizo el cielo y la
tierra.
(C.I.C 1605) La Sagrada escritura afirma que el hombre y la
mujer fueron creados el uno para el otro: "No es bueno que el hombre esté
solo" (Gn 2,18). La mujer, "carne de su carne" (Gn 2,23), su
igual, la criatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como una
"auxilio" (Gn 2,18), representando así a Dios que es nuestro "auxilio"
(cf. Sal 121,2). "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une
a su mujer, y se hacen una sola carne" (cf. Gn 2,24). Que esto significa
una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando
cuál fue "en el principio", el plan del Creador (Mt 19,4): "De
manera que ya no son dos sino una sola carne" (Mt 19,6).
miércoles, 20 de marzo de 2013
Sal 119, 160 tus justos juicios permanecen para siempre
(Sal 119, 160) tus justos juicios permanecen para siempre
160 Lo primordial de tu palabra es la verdad, y tus
justos juicios permanecen para siempre.
(C.I.C 215) "Es verdad el principio de tu palabra, por
siempre, todos tus justos juicios" (Sal 119,160). "Ahora, mi Señor
Dios, tú eres Dios, tus palabras son verdad" (2S 7,28); por eso las
promesas de Dios se realizan siempre (cf. Dt 7,9). Dios es la Verdad misma, sus
palabras no pueden engañar. Por ello el hombre se puede entregar con toda
confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios en todas las
cosas. El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del
tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de su
fidelidad.
martes, 19 de marzo de 2013
Sal 119, 142 Tu justicia es eterna y tu ley es la verdad
(Sal 119, 142) Tu justicia es eterna y tu ley es la verdad
142 Tu justicia es eterna y tu ley es la verdad.
(C.I.C 271) La omnipotencia divina no es en modo
alguno arbitraria: "En Dios el poder y la esencia, la voluntad y la
inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada
puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios
o en su sabia inteligencia" (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1, 25, 5, 1).
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