sábado, 6 de abril de 2013

Pr 13, 1 Un hijo sabio ama la corrección



(Pr 13, 1) Un hijo sabio ama la corrección

1 Un hijo sabio ama la corrección, pero el insolente no escucha el reproche.
 
(C.I.C 2216) “El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. ‘Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre [...] en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar’ (Pr 6, 20-22). ‘El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión’ (Pr 13, 1).

viernes, 5 de abril de 2013

Pr 8, 22-31 Yo estaba a su lado como un hijo querido



(Pr 8, 22-31) Yo estaba a su lado como un hijo querido

22 El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre. 23 Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. 24 Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. 25 Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, 26 cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo. 27 Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, 28 cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, 29 cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, 30 yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, 31 recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.
 (C.I.C 288) Así, la revelación de la creación es inseparable de la revelación y de la realización de la Alianza del Dios único, con su Pueblo. La creación es revelada como el primer paso hacia esta Alianza, como el primero y universal testimonio del amor todopoderoso de Dios (cf. Gn 15,5; Jr 33,19-26). Por eso, la verdad de la creación se expresa con un vigor creciente en el mensaje de los profetas (cf. Is 44,24), en la oración de los salmos (cf. Sal 104) y de la liturgia, en la reflexión de la sabiduría (cf. Pr 8,22-31) del pueblo elegido.

jueves, 4 de abril de 2013

Pr 8, 1-9 Sí, mi boca profiere la verdad



(Pr 8, 1-9) Sí, mi boca profiere la verdad

1 ¿No está llamando la Sabiduría y no hace oír su voz la Inteligencia? 2 En las cumbres más altas que bordean el camino, apostada en el cruce de los senderos, 3 al lado de las puertas, a la entrada de la ciudad, en los lugares de acceso, ella dice en alta voz: 4 «A ustedes, hombres, yo los llamo, y mi voz se dirige a los seres humanos. 5 Entiendan, incautos, qué es la perspicacia; entiendan, necios, qué es la sensatez. 6 Escuchen: es muy importante lo que voy a decir, mis labios se abren para expresar lo que es recto. 7 Sí, mi boca profiere la verdad, la maldad es una abominación para mis labios. 8 Todas mis palabras son conformes a la justicia, no hay en ellas nada retorcido o sinuoso; 9 todas son exactas para el que sabe entender y rectas para los que ha hallado la ciencia.
(C.I.C 721) María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la Plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello, los más bellos textos sobre la Sabiduría, la Tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María (cf. Pr 8, 1-9, 6; Si 24): María es cantada y representada en la Liturgia como el “Trono de la Sabiduría". En ella comienzan a manifestarse las "maravillas de Dios", que el Espíritu va a realizar en Cristo y en la Iglesia: (C.I.C 2465) El Antiguo Testamento lo proclama: Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es verdad (cf. Pr 8, 7; 2S 7, 28). Su ley es verdad (cf. Sal 119, 142). ‘Tu verdad, de edad en edad’ (Sal 119, 90; Lc 1, 50). Puesto que Dios es el ‘Veraz’ (Rm 3, 4), los miembros de su pueblo son llamados a vivir en la verdad (cf. Sal 119, 30).

miércoles, 3 de abril de 2013

Pr 6, 20 No rechaces la enseñanza de tu madre


(Pr 6, 20) No rechaces la enseñanza de tu madre


20 Observa, hijo mío, el precepto de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre.
  (C.I.C 2216) “El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. ‘Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre [...] en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar’ (Pr 6, 20-22). ‘El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión’ (Pr 13, 1). 

martes, 2 de abril de 2013

Proverbios - pàginas selectas - Pr 1, 8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre



Pàginas selectas de Proverbios – Eclesiastés (Qohelet) – Cantar de los Cantares – Libro de la Sabiduría – Eclesiástico (Sirácida) – 


Proverbios - pàginas selectas 

(Pr 1, 8) Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre

8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre,

(C.I.C 2214) La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (Cf. Ef 3, 14); es el fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre (Cf. Pr 1, 8; Tb 4, 3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino (Cf. Ex 20, 12).

lunes, 1 de abril de 2013

Sal 146, 3-4 No confíen en los poderosos, en simples mortales



(Sal  146, 3-4) No confíen en los poderosos, en simples mortales


3 No confíen en los poderosos, en simples mortales, que no pueden salvar: 4 cuando expiran, vuelven al polvo, y entonces se esfuman sus proyectos.
(C.I.C 150) La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana. Es justo y bueno confiarse totalmente a Dios y creer absolutamente lo que él dice. Sería vano y errado poner una fe semejante en una criatura (cf. Jr 17,5-6; Sal 40,5; 146,3-4).